Name: Schneider Navarro A
Country of residence: Spain
Writing language: Spanish
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Me llamo Aylin y nací en Cataluña, España, el 25 de agosto de 2010. Mi familia está formada por mi madre, Clara; mi padre, Dario; y mi hermana pequeña, Suri. Desde muy pequeña he asistido al Colegio Hatikva, un colegio judío situado en Valldoreix, donde he crecido rodeada de tradiciones, celebraciones y valores que han marcado una parte importante de mi vida.
Sin embargo, para comprender quién soy hoy, considero importante empezar por la historia de mis antepasados, ya que sus experiencias y decisiones forman parte de mis raíces y de mi identidad.
Mis orígenes familiares
Por parte de mi padre, mis bisabuelos, Salomón Schneider y su esposa, emigraron de Polonia a Argentina huyendo de la guerra. Allí ayudaron a fundar una colonia judía llamada Rivera, donde pudieron reconstruir sus vidas lejos de la persecución que sufrían los judíos en Europa.
Por otro lado, mi bisabuelo Moisés Kulisewki y su hermano también lograron escapar, dejando atrás a gran parte de su familia, que tristemente murió en un campo de concentración durante el Holocausto. Su historia es un ejemplo de valentía y supervivencia que siempre ha estado presente en nuestra memoria familiar.
Por parte de mi madre, las historias familiares son diferentes, pero igualmente significativas.
Por el lado de mi abuela materna, mi bisabuelo Rafael Juli Arnau y su hermano, Banet Juli Arnau, fueron fusilados el 29 de agosto de 1936 en Ripoll durante la Guerra Civil Española. Rafael era profesor en un colegio religioso y Banet ejercía como rector y maestro en una escuela de El Torn, en la Garrotxa. Actualmente, nuestra familia continúa investigando su historia y las transformaciones ideológicas que se produjeron en las generaciones posteriores.
Tras la muerte de mi bisabuelo, mi bisabuela Encarnació Danés tuvo que sacar adelante sola a sus cinco hijos. La más pequeña de ellos, Joaquima Juli Danés, se casó con Josep Marí Rovira, quien trabajaba en Telefónica. Debido a su profesión, la familia se trasladó a Mataró, donde nacieron mi abuela, Maria Teresa Marí Juli, mi tía abuela Nuri Marí Juli y mi tío abuelo Rafael Marí Juli.
Por parte de mi abuelo materno, mis bisabuelos Loreta Catalán y Julián Navarro eran originarios de La Puebla de Arenoso, en Castellón. Durante la Guerra Civil emigraron a Barcelona, donde abrieron una frutería y verdulería. Allí crecieron mi abuelo, Juan José Navarro Catalán, junto con sus hermanos Ana y Enrique.
Todas estas historias forman parte de mi herencia familiar. Son relatos de esfuerzo, pérdida, superación y adaptación que me ayudan a comprender mejor de dónde vengo y a valorar el camino recorrido por quienes me precedieron.
Mi vida y mi relación con el Colegio Hatikva
Después de conocer la historia de mi familia, mi propia vida puede parecer más sencilla. Sin embargo, el entorno en el que he crecido ha influido profundamente en la persona que soy hoy.
Actualmente curso 4.º de ESO en el Colegio Hatikva, un lugar donde he pasado prácticamente toda mi vida. Siempre me he sentido muy afortunada por haber crecido en este colegio, ya que no solo me ha permitido construir amistades muy importantes, sino también acercarme a una cultura que probablemente no habría formado una parte tan relevante de mi vida de no haber estudiado aquí.
El colegio ha sido para mí mucho más que un centro educativo. Ha sido un espacio seguro, familiar y acogedor donde he aprendido gran parte de lo que sé y donde he desarrollado muchos de los valores que me acompañan hoy en día.
Al tener a mis padres separados, he crecido entre dos tradiciones culturales y religiosas distintas. Con mi madre y su familia celebramos festividades cristianas como la Navidad, la Pascua, San Esteban y los Reyes Magos, además de mantener tradiciones como la bendición de la palma el Domingo de Ramos.
Por otro lado, con mi padre y dentro del entorno escolar he tenido contacto con las tradiciones judías. Hemos celebrado festividades como Pésaj, Purim, Hanukkah, Shabat y Yom Haatzmaut, además de encender velas en diferentes ocasiones señaladas.
Esta convivencia entre dos tradiciones me ha permitido crecer con una visión abierta y enriquecedora de diferentes culturas, aprendiendo a valorar la diversidad y el respeto hacia distintas formas de vivir y entender el mundo.
Experiencias que me han marcado
El Colegio Hatikva ha sido mi segundo hogar. Aquí he crecido junto a compañeros que se han convertido en amigos y junto a profesores que me han acompañado durante muchos años de mi vida.
Ahora que estoy terminando esta etapa, siento una mezcla de ilusión y nostalgia. Me cuesta imaginar dejar atrás momentos tan cotidianos como las celebraciones de Shabat de los viernes o las festividades que hemos compartido durante tantos años. Aunque no sea judía al cien por cien, todas estas experiencias forman parte de mi identidad y han contribuido a convertirme en la persona que soy hoy.
Entre los recuerdos más especiales que me llevo está mi participación en el Ecology Summer Camp de Panamá, organizada por ORT- Fue una experiencia única e inolvidable por la que me siento profundamente agradecida. Además de ser una oportunidad excepcional, me permitió conocer a jóvenes de distintos países, tanto judíos como no judíos, y aprender sobre el ecosistema panameño de una forma mucho más práctica y vivencial que en un aula.
Otro de los momentos más importantes de mi etapa escolar han sido las Macabiadas. Esta tradición es una de las actividades más especiales del colegio porque consigue reunir y conectar a alumnos de todas las edades. Más allá de la competición, los juegos o los bailes, las Macabiadas fortalecen el sentimiento de comunidad y pertenencia que caracteriza al Hatikva.
Más allá del colegio
Fuera del ámbito escolar practico natación, una actividad que también ocupa un lugar importante en mi vida. Me gusta especialmente porque es un entorno donde las diferencias religiosas no tienen relevancia y donde todos compartimos los mismos objetivos y esfuerzos.
He crecido junto a mis compañeros de equipo y entrenadores desde muy pequeña, por lo que también considero la piscina como una segunda familia. Allí he aprendido valores como la constancia, el compromiso y el trabajo en equipo.
Mirando hacia el futuro
De cara al futuro, creo que probablemente me iré alejando poco a poco del entorno judío. No será una decisión consciente ni un rechazo a esa parte de mi vida, sino una consecuencia natural de dejar atrás el lugar que más me ha conectado con el judaísmo.
Aunque seguiré teniendo amigos judíos y mantendré el vínculo con mi padre y su familia, soy consciente de que el colegio ha sido el principal espacio donde he aprendido sobre la historia, las tradiciones y la cultura judías.
Aun así, sé que todo lo vivido aquí seguirá formando parte de mí. Las experiencias, los valores, las amistades y los recuerdos construidos durante estos años me acompañarán siempre.
Reflexión final
Al mirar atrás, me doy cuenta de que mi identidad se ha construido a partir de muchas historias diferentes: las de mis antepasados, las de mi familia, las tradiciones de ambos lados y las experiencias que he vivido en el Colegio Hatikva.
Estoy cerrando una etapa muy importante de mi vida y comenzando otra nueva llena de cambios e incertidumbres. Sin embargo, me llevo conmigo todo lo aprendido durante estos años. Cada persona, cada celebración, cada viaje y cada experiencia han contribuido a formar la persona que soy hoy.
Por eso, aunque el futuro me lleve por caminos distintos, siempre recordaré esta etapa con gratitud y cariño, porque forma parte de mi historia y de quién soy.
My name is Aylin, and I was born in Catalonia, Spain, on August 25, 2010. My family consists of my mother, Clara; my father, Dario; and my younger sister, Suri. From a very young age, I have attended Hatikva School, a Jewish school located in Valldoreix, where I have grown up surrounded by traditions, celebrations, and values that have shaped an important part of my life.
However, in order to understand who I am today, I believe it is important to begin with the history of my ancestors, since their experiences and decisions are part of my roots and my identity.
On my father’s side, my great-grandparents, Salomón Schneider and his wife, emigrated from Poland to Argentina while fleeing the war. There, they helped found a Jewish colony called Rivera, where they were able to rebuild their lives far from the persecution Jews were suffering in Europe.
My great-grandfather Moisés Kulisewki and his brother also managed to escape, leaving behind much of their family, who sadly died in a concentration camp during the Holocaust. Their story is an example of courage and survival that has always remained present in our family memory.
On my mother’s side, the family stories are different, but equally meaningful.
On my maternal grandmother’s side, my great-grandfather Rafael Juli Arnau and his brother, Banet Juli Arnau, were executed by firing squad on August 29, 1936, in Ripoll during the Spanish Civil War. Rafael was a teacher at a religious school, while Banet worked as a parish priest and teacher at a school in El Torn, in the Garrotxa region. Today, our family continues to research their story and the ideological changes that took place in the generations that followed.
After my great-grandfather’s death, my great-grandmother Encarnació Danés had to raise her five children on her own. The youngest of them, Joaquima Juli Danés, married Josep Marí Rovira, who worked for Telefónica. Because of his job, the family moved to Mataró, where my grandmother, Maria Teresa Marí Juli, my great-aunt Nuri Marí Juli, and my great-uncle Rafael Marí Juli were born.
On my maternal grandfather’s side, my great-grandparents Loreta Catalán and Julián Navarro were originally from La Puebla de Arenoso, in Castellón. During the Spanish Civil War, they moved to Barcelona, where they opened a fruit and vegetable shop. My grandfather, Juan José Navarro Catalán, grew up there together with his siblings, Ana and Enrique.
All of these stories are part of my family heritage. They are stories of effort, loss, resilience, and adaptation that help me better understand where I come from and appreciate the journey of those who came before me.
After learning about my family’s history, my own life may seem much simpler. However, the environment in which I have grown up has had a profound influence on the person I am today.
I am currently in the fourth year of ESO at Hatikva School, a place where I have spent practically my entire life. I have always felt very fortunate to have grown up at this school, because it has not only allowed me to build very important friendships, but also to become close to a culture that probably would not have played such a significant role in my life if I had not studied here.
For me, the school has been much more than an educational institution. It has been a safe, familiar, and welcoming place where I have learned much of what I know and where I have developed many of the values that guide me today.
Because my parents are separated, I have grown up between two different cultural and religious traditions. With my mother and her family, we celebrate Christian holidays such as Christmas, Easter, Saint Stephen’s Day, and Three Kings’ Day, as well as traditions such as the blessing of palm branches on Palm Sunday.
On the other hand, through my father and within the school environment, I have been connected to Jewish traditions. We have celebrated holidays such as Passover, Purim, Hanukkah, Shabbat, and Yom Ha’atzmaut, as well as lighting candles on different special occasions.
Living between these two traditions has allowed me to grow up with an open and enriching perspective on different cultures, learning to value diversity and respect different ways of living and understanding the world.
Hatikva School has been my second home. Here, I have grown up alongside classmates who have become friends and teachers who have accompanied me through many years of my life.
Now that I am coming to the end of this stage, I feel a mixture of excitement and nostalgia. It is difficult for me to imagine leaving behind such everyday moments as Friday Shabbat celebrations or the holidays we have shared for so many years. Even though I am not fully Jewish, all of these experiences are part of my identity and have helped shape the person I am today.
One of the most special memories I will take with me is my participation in the Ecology Summer Camp in Panama, organized by ORT. It was a unique and unforgettable experience for which I feel deeply grateful. Besides being an exceptional opportunity, it allowed me to meet young people from different countries, both Jewish and non-Jewish, and to learn about Panama’s ecosystem in a much more practical and hands-on way than I could have in a classroom.
Another important part of my school years has been the Maccabiah Games. This tradition is one of the school’s most special activities because it brings together and connects students of all ages. Beyond the competition, the games, and the dances, the Maccabiah Games strengthen the sense of community and belonging that characterizes Hatikva.
When I look back, I realize that my identity has been built from many different stories: those of my ancestors, those of my family, the traditions from both sides, and the experiences I have had at Hatikva School.
I am closing a very important chapter of my life and beginning a new one full of changes and uncertainties. However, I am taking with me everything I have learned during these years. Every person, every celebration, every trip, and every experience has contributed to shaping the person I am today.
For that reason, even if the future takes me down different paths, I will always remember this stage of my life with gratitude and affection, because it is part of my story and part of who I am.
Ton histoire pourrait être la prochaine !