Name: bruno w
Country of residence: Spain
Writing language: Spanish
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Hola, me llamo Bruno Wainsztein Guerrero y soy un adolescente judío de 16 años que estudia en el Colegio Hatikva de Barcelona. Para entender mi relación con el judaísmo, es necesario remontarse a la historia de mi familia y a los acontecimientos que marcaron la vida de mis antepasados. Por eso, comenzaré contando su historia antes de explicar la mía.
La familia Wainsztein emigró de Polonia a Argentina antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Ante la incertidumbre que se vivía en Europa y el creciente antisemitismo, mis antepasados tuvieron que tomar una decisión muy difícil: quedarse en su país o buscar un lugar donde pudieran vivir con seguridad y construir un futuro mejor. Afortunadamente, decidieron marcharse antes de que la situación empeorara.
La familia Berestovoy también emigró a Argentina desde Odesa, en Ucrania, a comienzos de la guerra. Así fue como ambas familias, la de mis abuelos paternos, llegaron al mismo país y comenzaron una nueva etapa de sus vidas.
Mi zeide (abuelo en yidis), Eduardo Wainsztein, conoció allí a mi bobe (abuela), Nora Berestovoy. Se casaron y formaron una familia con cuatro hijos: Martín, Mariano, Matías —mi padre— y Melina. A mis abuelos no les faltaba originalidad. Decidieron poner a sus hijos nombres cuyos nombres y segundos nombres compartieran las mismas iniciales. Mi padre se llama Matías Diego, mientras que mis tíos se llaman Martín Damián, Mariano Daniel y Melina Denís. De esta manera, todos compartían las iniciales MDW.
La familia vivió en Argentina hasta que mi padre, Matias, cumplió nueve años. Entonces viajaron de vacaciones a España con la intención de conocer el país y buscar un lugar donde establecerse. Inicialmente pensaban instalarse en Madrid, pero finalmente se enamoraron de Barcelona y decidieron comenzar allí una nueva vida.
La historia de mi madre es diferente. Proviene de una familia catalana originaria de Olot, en la provincia de Girona. Sin embargo, ella no nació allí. Mi abuela estudió enfermería en Barcelona y más tarde recibió una oferta para trabajar como directora de planta en un hospital de Ginebra, Suiza. Fue allí donde nació y creció mi madre. Años después se trasladó a Boston, en Estados Unidos, para estudiar, y finalmente regresó a España. Mi madre no era judía ni tenía una relación cercana con el judaísmo hasta que conoció a mi padre y formó una familia con él.
Yo, nací en Barcelona en 2010. He crecido acompañado de mi hermana Lia, que nació dos años después que yo. Compartimos toda nuestra infancia y hemos vivido juntos muchas experiencias que nos han ayudado a convertirnos en las personas que somos hoy.
En 2021 nació mi hermana pequeña, Greta, que actualmente tiene cinco años y es, sin duda, la más divertida de la familia. Cada una de mis hermanas tiene una personalidad diferente, y crecer junto a ellas ha sido una de las mayores alegrías de mi vida.
Llegué al Colegio Hatikva prácticamente cuando aprendí a caminar, y desde entonces ha sido mi segunda casa. Allí conocí a los amigos con los que he crecido y con quienes sigo manteniendo una relación muy especial. Algunos llegaron antes y otros después, pero siempre he sentido que formamos una gran familia.
Este es mi último año en el colegio y me cuesta imaginarme lejos de él. Sin embargo, también entiendo que cada uno debe seguir su propio camino. Aunque nuestros destinos sean diferentes, estoy convencido de que seguiremos unidos por todo lo que hemos compartido.
Desde pequeño sentí una conexión muy fuerte con el judaísmo y sus tradiciones. Recuerdo con cariño las celebraciones de Purim, Rosh Hashaná, Janucá y tantas otras festividades que siempre hemos celebrado tanto en el colegio como en la comunidad y seguimos celebrando hoy con la misma ilusión.
En mi casa nunca se ha hablado hebreo porque mis padres no lo conocen, pero gracias al colegio he podido aprenderlo desde cero. Me siento orgulloso del nivel que he alcanzado, especialmente porque fuera del entorno escolar apenas tenía contacto con el idioma.
El colegio también me ha brindado experiencias únicas relacionadas con mi identidad judía. En noviembre de este año viajé a Budapest junto a dos amigos para participar en el primer Congreso de Jóvenes Sionistas, organizado en conmemoración del histórico congreso impulsado por Theodor Herzl en Basilea. Allí conocí a jóvenes judíos de muchos países, como Argentina, México, Estados Unidos e Israel.
Esa experiencia reforzó una idea que siempre he sentido: el pueblo judío es una gran familia. Independientemente de dónde vivamos o de las circunstancias que enfrentemos, siempre estamos dispuestos a ayudarnos y apoyarnos mutuamente. Ese sentimiento de unión es uno de los valores más importantes que he aprendido gracias al judaísmo y al Colegio Hatikva.
Desde que nací, en mi familia siempre hemos celebrado Pesaj y Rosh Hashaná como momentos especiales de encuentro familiar. Son ocasiones en las que nos reunimos con abuelos, tíos y primos para compartir tiempo juntos y fortalecer nuestros vínculos. También observamos Yom Kipur, y cada año nos reunimos con amigos antes del comienzo del ayuno para compartir una comida y prepararnos para la jornada.
Además, he formado parte de movimientos juveniles como Yajad, la tnua a la que he asistido desde pequeño. Allí he vivido momentos inolvidables junto a amigos de la comunidad, desde actividades y encuentros hasta las tradicionales nocheadas en la Comunidad Judía de Barcelona.
Uno de los recuerdos más especiales fue mi viaje de Morashá a Israel cuando cursaba primero de ESO. Compartir aquella experiencia con mis amigos y conocer a jóvenes judíos de diferentes países de Europa fue algo extraordinario. Visitamos el Kotel y muchos otros lugares emblemáticos del país, profundizando aún más en nuestra identidad y nuestras raíces.
Como he mencionado anteriormente, mi madre no es judía. Según la tradición judía, esto significaba que yo no era considerado judío de nacimiento. Sin embargo, siempre me he sentido judío. He crecido rodeado de las tradiciones, los valores y las costumbres del judaísmo, participando activamente en la vida comunitaria y religiosa.
Por eso, cuando tenía once años, tomé una decisión importante: iniciar mi proceso de conversión oficial al judaísmo. Aunque ya me sentía plenamente judío, quería que también lo fuera de manera formal.
Durante tres años estudié, aprendí y me preparé para completar ese camino. Finalmente, en 2022, me convertí oficialmente al judaísmo y celebré mi Bar Mitzvá rodeado de mi familia, mis amigos y todas las personas que me habían acompañado durante ese proceso.
Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida, porque representó la culminación de un camino que había recorrido con mucha ilusión, esfuerzo y convicción.
Estoy a punto de terminar mi etapa en el Colegio Hatikva, un lugar que ha formado parte de mi vida desde que tengo memoria. Me entristece despedirme de esta etapa, pero también sé que crecer significa abrirse a nuevas experiencias.
El próximo año comenzaré el bachillerato en Barcelona y tengo intención de seguir el itinerario científico para, más adelante, estudiar una carrera que me motive y me permita desarrollarme profesionalmente.
Por ahora no me planteo vivir fuera de España. Barcelona es la ciudad donde he crecido, donde están mis amigos, mi familia y mis recuerdos. Sin embargo, tampoco descarto la posibilidad de vivir en otro país en el futuro si surge una oportunidad interesante.
Mi principal objetivo es disfrutar de la vida, seguir aprendiendo, viajar, conocer nuevas culturas y compartir experiencias con las personas que quiero.
El judaísmo me ha enseñado la importancia de dar, ayudar y estar presente para los demás. Por eso estoy convencido de que, independientemente del camino que tome, siempre intentaré estar al lado de mis seres queridos cuando me necesiten.
Hello, my name is Bruno Wainsztein Guerrero, and I am a 16-year-old Jewish teenager studying at Hatikva School in Barcelona. To understand my relationship with Judaism, it is necessary to go back to my family’s history and the events that shaped the lives of my ancestors. For this reason, I will begin by telling their story before explaining my own.
I was born in Barcelona in 2010. I grew up alongside my sister Lia, who was born two years after me. We shared our entire childhood and have lived through many experiences together that have helped shape us into the people we are today.
In 2021, my youngest sister, Greta, was born. She is currently five years old and is undoubtedly the funniest member of the family. Each of my sisters has a unique personality, and growing up with them has been one of the greatest joys of my life.
As I mentioned earlier, my mother is not Jewish. According to Jewish tradition, this meant that I was not considered Jewish by birth. However, I have always felt Jewish. I grew up surrounded by Jewish traditions, values, and customs, actively participating in community and religious life.
For this reason, when I was eleven years old, I made an important decision: to begin the process of formally converting to Judaism. Even though I already felt completely Jewish, I wanted that identity to be recognized officially as well.
For three years, I studied, learned, and prepared myself to complete that journey. Finally, in 2022, I officially converted to Judaism and celebrated my Bar Mitzvah surrounded by my family, friends, and all the people who had accompanied me throughout the process.
It was one of the most emotional moments of my life because it represented the culmination of a journey that I had undertaken with great enthusiasm, dedication, and conviction.
For three years, I studied, learned, and prepared myself to complete that journey. Finally, in 2022, I officially converted to Judaism and celebrated my Bar Mitzvah surrounded by my family, friends, and all the people who had accompanied me throughout the process.
I am about to finish my time at Hatikva School, a place that has been part of my life for as long as I can remember. It saddens me to say goodbye to this stage of my life, but I also know that growing up means opening yourself to new experiences.
Next year I will begin high school in Barcelona, and I intend to follow the science track in order to later pursue a university degree that motivates me and allows me to develop professionally.
For now, I do not see myself living outside Spain. Barcelona is the city where I grew up, where my friends, family, and memories are. However, I do not rule out the possibility of living in another country in the future if an interesting opportunity arises.
My main goal is to enjoy life, continue learning, travel, discover new cultures, and share experiences with the people I care about.
Judaism has taught me the importance of giving, helping others, and being present for those around me. Therefore, I am convinced that, regardless of the path I choose, I will always strive to be there for my loved ones whenever they need me.
Ton histoire pourrait être la prochaine !